SILVAQUA desarrolla una actuación esencial para la conservación del aguilucho cenizo (Circus Pygargus) en el entorno de la Planta Solar Fotovoltaica Aljarafe.

Durante la pasada campaña reproductora de 2024, Silvaqua desarrolló una actuación integral de seguimiento, protección y conservación del aguilucho cenizo (Circus pygargus) en el entorno de la planta solar fotovoltaica Aljarafe. Esta intervención se enmarca dentro de las medidas compensatorias del proyecto fotovoltaico y responde a la necesidad de contribuir activamente a la conservación de una de las rapaces más sensibles y amenazadas de los ecosistemas agrarios mediterráneos.
El aguilucho cenizo es una especie migratoria transahariana que cada primavera recorre miles de kilómetros desde sus áreas de invernada en África para reproducirse en la península ibérica durante los meses estivales. A su llegada, se instala preferentemente en entornos agrícolas, donde se encuentra estrechamente ligada a los cultivos herbáceos tradicionales, especialmente a los cereales de secano, en los que sitúa sus nidos directamente sobre el suelo. Esta dependencia del medio agrario, unida a su comportamiento migrador y a un ciclo reproductor muy ajustado en el tiempo, convierte a la especie en especialmente vulnerable durante el periodo de cría.
Los trabajos se desarrollaron en los términos municipales de Salteras, Olivares, Gerena y Sanlúcar la Mayor, y se realizaron en estrecha coordinación con los técnicos de la Agencia de Medio Ambiente y Agua (AMAYA), encargados de la gestión de la especie, así como con los agentes de medio ambiente responsables de la zona. Esta colaboración permitió una actuación eficaz, alineada con las necesidades reales de conservación del aguilucho cenizo en el territorio y adaptada a las particularidades de cada área de actuación.
A lo largo de los trabajos se constató la elevada sensibilidad de la especie frente a múltiples amenazas. Entre ellas destacan la pérdida progresiva de hábitat, las sequías, la escasez de alimento, el expolio intencionado de nidos, la depredación natural y, de forma especialmente relevante, los cambios en las técnicas agrícolas. La introducción de variedades de trigo de maduración temprana permite adelantar la cosecha varias semanas respecto a los calendarios tradicionales, lo que provoca que, en muchos casos, los pollos aún no hayan desarrollado la capacidad de vuelo cuando se produce la recolección de los cultivos.
Esta circunstancia supone actualmente una de las principales causas de fracaso reproductor del aguilucho cenizo, ya que la siega mecanizada destruye los nidos y elimina la cobertura vegetal necesaria para la protección de huevos y pollos. A ello se suma la reducción de refugios naturales y la mayor exposición a depredadores una vez cosechadas las parcelas, incrementando de forma significativa la mortalidad de las nidadas.
La metodología empleada durante la actuación se basó en un seguimiento técnico continuado sobre el terreno, priorizando en todo momento la mínima interferencia con el comportamiento natural de la especie. Las labores comenzaron con la prospección sistemática de las zonas potencialmente favorables mediante observación directa y recorridos de campo, lo que permitió localizar las parejas reproductoras y detectar las áreas de nidificación. Durante este proceso se llevó a cabo la recogida sistemática de datos relativos a los ejemplares observados, su comportamiento y las áreas de campeo, así como la geolocalización precisa de los nidos, que fueron marcados, perimetrados, codificados e identificados individualmente para facilitar su seguimiento a lo largo de la campaña.
Una vez identificados los nidos, se realizó un control periódico mediante ojeo a distancia, evitando accesos innecesarios y reduciendo el riesgo de abandono o depredación. Este seguimiento permitió evaluar la evolución de cada nido, el estado de los huevos y pollos y la aplicación, cuando fue necesario, de medidas de protección específicas frente a las amenazas detectadas.
Esta metodología se justifica por la elevada sensibilidad del aguilucho cenizo durante el periodo reproductor, especialmente en las fases tempranas de incubación y desarrollo de los pollos. El acceso puntual a los nidos se limitó exclusivamente a los momentos necesarios para su correcta señalización o protección, siempre bajo criterios técnicos y en coordinación con la administración ambiental. Este enfoque permitió obtener información precisa y continuada sobre la evolución de las nidadas, al tiempo que se garantizaba el máximo respeto por la biología de la especie y se incrementaban las probabilidades de éxito reproductor.
De forma complementaria a estas labores técnicas, se estableció una comunicación directa y continuada con los agricultores titulares de las parcelas en las que se localizaron nidos. A todos ellos se les informó de la presencia de las nidificaciones y de la importancia de su conservación, acordándose el mantenimiento de un área de protección aproximada de 30 por 30 metros alrededor de los nidos, que quedó sin cosechar hasta la finalización del periodo de cría de la especie. Estas superficies fueron compensadas, favoreciendo la colaboración de los agricultores y permitiendo compatibilizar la actividad agraria con la protección efectiva de las nidadas.
En este contexto, los resultados obtenidos durante la campaña de 2024 ponen de manifiesto la eficacia de la actuación desarrollada. En el ámbito de estudio se localizaron 22 nidos de aguilucho cenizo, de los cuales siete lograron completar con éxito el ciclo reproductor, permitiendo el vuelo de 15 pollos. Estos datos contrastan de forma muy significativa con los obtenidos en campañas anteriores en la misma zona, como ocurrió en 2023, cuando no se registró ningún pollo volado.
La mejora observada pone de manifiesto que la aplicación de medidas de seguimiento, protección y adaptación de las labores agrícolas, junto con una gestión ambiental activa y coordinada con las administraciones competentes, resulta determinante para la conservación del aguilucho cenizo y para revertir la tendencia negativa registrada en los últimos años. En un contexto de intensificación agraria que afecta de forma directa a especies migratorias con ciclos reproductores especialmente ajustados, el seguimiento de parejas reproductoras, la protección efectiva de los nidos y la intervención técnica sobre el terreno se consolidan como herramientas imprescindibles para mejorar el éxito reproductor de la especie y garantizar su permanencia en el territorio, demostrando que es posible compatibilizar el desarrollo de proyectos energéticos con la conservación de una especie tan sensible y emblemática como el aguilucho cenizo.

Nido de Aguilucho Cenizo localizado en cultivo cerealista
durante la campaña de 2024
Pollos de Aguilucho Cenizo en fase de desarrollo, altamente vulnerables antes del vuelo
Macho de Aguilucho Cenizo en vuelo
Hembra de Aguilucho Cenizo en vuelo
Juvenil de Aguilucho Cenizo
Macho de Aguilucho Cenizo
Macho de Aguilucho Cenizo con su presa
en las inmediaciones de una PSFV
Cosechadora recolectando el cereal en una parcela controlada
Pollo de Aguilucho Cenizo
Juvenil de Aguilucho Cenizo
en su fase nidífuga parcialmente emplumado
Cercado perimetral no invasivo como medida de protección de un nido en situación de riesgo por depredación

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